MIRIAM MAZOVER  |  Fundadora y Directora Académica        

Se chupa el dedo

Edición de agosto – Publicado en Revista Jardín de Genios  - Opinión de: Javier Diaz

La succión es un acto reflejo de los bebés. ¿Qué pasa cuando el hábito se extiende en el tiempo más allá de los 4 años?

Los padres esperan que sus hijos cumplan con los parámetros considerados esperables en el desarrollo de los niños. Que caminen y empiecen a hablar al año, que dejen los pañales a los 2, que aprendan a leer y escribir a los 5. Pero, ¿qué pasa cuando un chico no cumple con algunas de estas referencias modélicas? Continuar con el hábito de chuparse el dedo al acercarse a la etapa preescolar representa uno de estos casos.

El bebé nace con el reflejo de succión que es primordial para cubrir la necesidad de alimento. Se fija como una experiencia de satisfacción a través del seno materno e irá formando su estructura psíquica.  Y con el tiempo se irá alejando cada vez más ya que el cuerpo demandará alimentos y muchas otras cosas.

El acto de succionar no sólo tiene para el bebé una función nutritiva. También le proporciona seguridad, tranquilidad y placer, a esto se lo llama “succión no nutritiva”. La boca es el principal órgano sensorial, junto con el olfato, de un recién nacido. Con ella se expresa al reclamar alimento y atención. A través de ella empieza a explorar su pequeño mundo, comenzando por su propio cuerpo. Al principio moverá ambas manos sin coordinación para luego llevárselas a la boca introduciendo los dedos. Esta necesidad a veces se calma con el uso del chupete, otras con los dedos.

 

Seguros y contentos

La succión es un reflejo que tiene el recién nacido incluso antes de nacer. Son cada vez más comunes las ecografías que muestran a bebés de 14 semanas de gestación chupándose sus dedos, momento en que según los especialistas comienza el hábito de succión.  Los niños se llevan todo a la boca y lo chupan porque es un instinto natural. Hace que se sientan seguros y contentos y puede introducir el sueño.

Lo habitual es que vaya desapareciendo durante el año. Se espera que entre los 2 y los 4 años los niños deben haber dejado de hacerlo.

Como todo acto y recorrido madurativo presenta un tiempo singular y lógico más universal y cronológico pero propongo situar ciertos límites de tiempo que nos ayudarán a detectar alguna fijación o problema en la adquisición de modelos madurativos esperables”, aconseja el licenciado Javier Díaz, psicólogo y docente de la Institución Fernando Ulloa.

El destete y la dentición marcan un límite. Se pasa de la succión a morder y a deglutir. La adquisición del beso y de la palabra representa otro parámetro para la boca. Por eso se considera que este hábito no debería presentarse a la altura de  su tercer o cuarto año de vida. Si esto sucede debemos estar atentos ya que “se piensa más en motivos afectivos que en la necesidad de repetir un hábito compulsivo”, advierte el Lic. Díaz.

Si continúa es recomendable observar en qué momentos del día tiende a hacerlo para de esta manera identificar las situaciones que lo llevan a ello: si está aburrido, si tiene sueño y no puede conciliarlo, si tiene miedo. Reconocer estos momentos ayudará a utilizar otros recursos para calmar sus necesidades. 

Quizás se puede vincular con ansiedad, aburrimiento, falta de contención, sensación de inseguridad o inestabilidad emocional por algún acontecimiento externo o interno. 

Ya a esa edad el niño recurre a chuparse el dedo más por motivos afectivos que por la necesidad de repetir un hábito compulsivo. Hay que considerar cada caso  pero los padres son los que deben estar más atentos y quienes más conocen  al niño, deben observar más este  aspecto que recurrir a recetar de condicionamientos como por ejemplo poner limón en el dedo, un guante, ridiculizarlo cuando lo realiza o castigarlo”.

Y a esta altura los chicos son capaces de expresarse a través de la palabra, sus actos e incluso por medio del juego. Hacia allí conviene enfocar para evitar que en el futuro ese hábito sea reemplazado por otro.

En ciertos casos y dependiendo de la frecuencia y la intensidad, chupar el dedo (o un pacificador como puede ser el borde una manta) puede tener alguna consecuencia en su desarrollo físico, emocional y social.

Las dentales son las más comunes, perjudicando la mordida y llevando la mandíbula hacia atrás por la presión que ejerce la mano y el brazo. Incluso se pueden presentar dificultades del habla. También los dedos pueden verse involucrados. Del mismo modo existe el riesgo a accidentalmente sustancias tóxicas y de enfermedades contagiosas como resultado de ponerse constantemente un pulgar sucio en la boca. Por último, cuando son más grandes, pueden verse afectados emocionalmente.

 

La etapa oral

Por el Lic. Javier Díaz, psicólogo y docente de la Institución Fernando Ulloa

 

La succión es un reflejo primordial que produce la posibilidad de cubrir la necesidad de alimento del bebé. El olor, el ritmo del corazón de la madre, las caricias y la contención que implican el momento del alimento crean huellas de satisfacción en el bebé. Los especialistas la llaman etapa oral, con el chupeteo del dedo y el uso del chupete. Se apoya en ese instinto pero con el tiempo eso se convierte en un modelo de conducta. Todos comemos para alimentarnos pero cada lo hace a su manera y de un modo singular. Esta etapa es primordial y constitutiva en el niño. El chupeteo del dedo o uso del chupete recuerda esa experiencia que debe cambiar por otro objeto de satisfacción. Recurrirá a su propio cuerpo para su autosatisfacción, recortando esa dependencia absoluta del otro materno.

Citas de reflexión

La única subversión que el psicoanálisis propone es la del sujeto cuando asume su deseo.

Fernando Ulloa

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