MIRIAM MAZOVER  |  Fundadora y Directora Académica        

Fiestas de fin de año: sus luces y sus sombras

Las fiestas de fin de año pueden ser entendidas como rituales de la finalización de un ciclo y el comienzo de otro. Momento de festejar la cosecha del año y realizar una nueva siembra del deseo; también, anticipa el descanso de las vacaciones, tiempo de reponer energías y del ocio recreativo.

No todo es alegría en las fiestas

Muchas veces las fiestas dan lugar a conflictos y situaciones angustiantes. En el imaginario social, esos días parecen mucho más importantes que el resto del año. Se potencia el ideal de “unión familiar”. La presencia física de sus miembros parece trascendental, como si se tratara de una prueba de lealtad, afecto y pertenencia.   

Los conflictos vinculares que durante el año quedan congelados, reaparecen a la hora del mandato festivo de “tener que reunirse”.  Allí pueden surgir emociones diversas como la culpa, el enojo, la lástima o síntomas como desgano, somatizaciones, etc.

Si durante el año hubo una pérdida cercana, en estas fechas, se tornan excesivamente presentes esas ausencias y resulta difícil lidiar con el dolor que causan.  Suelen perder su carácter celebratorio y se vivencian como un gran obstáculo a atravesar. Para la gente que no tiene familia, la soledad puede convertirse en un peso difícil de llevar en estos días.  Las personas que están intentando volar del nido y sienten deseos de pasar las fiestas con la pareja, los amigos o bien irse de viaje, pueden vivir momentos de angustia también.

Pero más allá del peso cultural-familiar, las fiestas de fin de año son para todos una marca del paso del tiempo.  Marcan el fin de un ciclo y representan un momento de balance en el que se contabilizan los deseos y proyectos cumplidos, pero en el que también puede pesar lo que no se ha logrado aún. ¿Cómo elaboramos la frustración, la desilusión, las pérdidas? ¿Cómo renovamos la apuesta?

Podemos significar estos conflictos como incómodos y negativos; quejarnos, irritarnos, bajonearnos o bien quizás podemos aprovechar el malestar, la incomodidad, la angustia, como un despertador y una oportunidad para interrogarnos sobre los cambios que estamos deseando en nuestra vida.

La angustia en las fiestas y el psicoanálisis

Lo que angustia, incomoda, es indicador de que hay algo del deseo del sujeto que no está pudiendo ser realizado.  Entonces, estas problemáticas que surgen en tiempos de fiestas pueden ser el puntapié inicial para comenzar un tratamiento psicoanalítico.

El psicoanalista trabaja con el discurso del sujeto. A través de la palabra del paciente y la escucha atenta profesional, podrán ir conociendo juntos qué es aquello que genera la angustia y tapona el deseo. De esta forma, irán trabajando sobre esa problemática, aliviando el sufrimiento y permitiendo que el sujeto pueda concretar sus deseos y tener así, una vida más plena.

 

Autora: Gabriela Orlanski

Lic. en Psicología. Finalizó los Posgrados “Estructuras clínicas” y “Fundamentos de la práctica clínica” (ALEF), “Curso anual multidisciplinario de Psicogerontología” (Universidad Maimónides) y en este momento se encuentra cursando el “Posgrado en Psicoanálisis con Práctica Clínica en Adultos” (Institución Fernando Ulloa). Es coordinadora de Grupos de terapia psico-corporal (Fundación Río Abierto, 2004 a la actualidad) y perito psicóloga del Poder Judicial de la Nación. También se desempeña en la clínica privada, atendiendo a jóvenes y adultos. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Citas de reflexión

La única subversión que el psicoanálisis propone es la del sujeto cuando asume su deseo.

Fernando Ulloa

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